La espada en la vida cotidiana

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      La Espada en la Vida Cotidiana Japonesa


Quizá no exista un país en el mundo en donde la espada, esa arma caballeresca de todos los tiempos, haya recibido en su época tanto honor y renombre como en Japón”.
Thomas McClatchie: “The sword of Japan: Its history and tradition”. Yokohama, 1874.


 

La espada constituye uno de los objetos cuya importancia ha trascendido del ámbito estrictamente militar para convertirse en una referencia imprescindible de la cultura japonesa, que rinde un verdadero culto hacia esta modalidad armamentística. La distinción de ceñirla, los derechos que confería, las hazañas realizadas con ella, la fama vinculada a la utilización de una determinada técnica de forjado, el increíble valor en que se estimaba una hoja de calidad o los honores otorgados a un experto fabricante de espadas no son sino aspectos que dan idea del profundo estudio necesario para valorar en su justa medida la importancia que va más allá de los límites de la concepción del arma blanca en Occidente.-

La espada ejerció una extraña fascinación para los miembros de todas las clases sociales, pero para la casta militar (buke) y para todo guerrero (bushi) significa el principio de su vida como tal, siendo su arma el inicio de su progresión y, con acostumbrada frecuencia, el instrumento de su prematuro fin. Este simbolismo no se extendía sólo a las cuestiones militares, sino que se reflejaba en cada acontecimiento que estuviera relacionado directa o indirectamente con la espada.- 

La importancia de la espada se basaba en la posición de la clase militar dentro de la estructura de poder político del Japón feudal, una estructura que se distribuía verticalmente e inspirada en cada nivel por el culto místico a los antepasados que unían cada generación con la siguiente. Esta espada era en símbolo de las creencias internas de la raza japonesa y de sus leyes, y representaba al mismo tiempo el pasado y el presente, el centro del poder espiritual y del poder político-militar y, por supuesto, la personalidad del hombre que la esgrimía.-

Había dos momentos cruciales en la vida de todo niño que hubiera nacido en el seno de un clan militar (o que hubiera sido adoptado por ellos). El primero se producía mediante una ceremonia de introducción en la que se le entregaba su primera espada (mamorigatana). Se trataba de una espada con empuñadura y vaina cubiertas con brocado a la que se ataba el monedero o cartera infantil (kinchaku) y que tenía un estricto valor simbólico. Más adelante, una segunda ceremonia (gembuku) significaba la aceptación como un hombre entre los demás guerreros del clan. En este momento el niño recibía sus primeras espadas reales, y su armadura, además de obtener el privilegio de comenzar a peinarse como un adulto. Desde este momento se iniciaba su formación militar y se esperaba de él que se especializase en las funciones de su rango dentro de la jerarquía del clan. Ello implicaba que, como futuro guerrero, tenía la obligación de entrenarse en el arte de la espada (kenjutsu). Los de alto rango dedicaban más tiempo a conseguir unos instructores superiores y a dominar la utilización de la espada; los de rango más bajo, a pesar de que se hallaban expuestos durante mucho tiempo a las dificultades de la vida militar, generalmente no podían igualarse con un bushi de alto rango en un duelo.-

De forma similar a la costumbre europea y de otros lugares, los primeros japoneses deificaron sus espadas y les dieron nombres de deidades mitológicas (kami). Kami expresaba en un solo ideograma una variedad de significados que vinculaba a los guerreros con las cosas divinas, considerando a la espada como un ser viviente, lleno de poder extraño y protector. En consecuencia, no tiene nada de extraño que en la iconografía japonesa se identifique a la espada con el relámpago; algunos autores creen que el significado religioso asignado a un arma se basa en la importancia estratégica que se remonta a los tiempos de unificación de la nación japonesa (cuenta la leyenda que el príncipe Yamato encontró una espada en la cola de un dragón al que mató y que le fue imprescindible en la unificación de la nación japonesa; la espada, el espejo y las perlas en forma de coma son por ello los símbolos de la raza Yamato y del emperador (tenno)).-

La Historia y la Religión se hallan aquí entrelazadas durante los primeros períodos históricos documentados del Japón, lo cual indica hasta qué punto la utilidad práctica de este arma blanca llegara a vincularse estrechamente con el sentido de determinación o de destino en una cultura incipiente. Esta situación se reproduce en Europa sin dificultad (recuérdense las míticas Excalibur del Rey Arturo, Durlindana de Rolando o la Tizona del Cid) pero con una salvedad. Mientras que el viejo continente la personificación mística de los héroes nacionales (y de sus espadas) disminuye tras la época feudal con la democratización de la guerra, no ocurre lo mismo en Japón. La reorganización de las naciones en Estados centralizados y en ejércitos regulares modificaron notablemente las costumbres militares hasta la época de la revolución industrial, pero en Japón no se produjo una evolución lineal desde un sistema feudal a una sociedad industrial.-


daisho

El guerrero japonés llevaba generalmente dos espadas: la espada larga (katana) y la espada corta (wakizashi). Esas eran las hojas (daisho) que por ley sólo el bushi tenía el privilegio de usar (como símbolos de su posición en la sociedad y como instrumentos para conservar su status). La espada larga tenía un tamaño inicial de 79´2 cm. en su versión normal, si bien existían modelos mucho más largos (nodachi o dai-katana). Esta era el arma utilizada en combate  cuerpo a cuerpo en las diferentes modalidades de estocada y corte. Por su parte, la espada corta medía entre 52´8 y 66 cm. de largo; su utilidad era muy variada, desde el combate como arma auxiliar hasta la práctica del suicidio ritual (seppuku o hara-kiri). Ambas armas se llevaban en la parte izquierda del costado sujetas al pecho de una forma determinada.-  

En épocas más antiguas, la espada larga se llevaba colgando de la banda del pecho sujeta con una cuerda especial. Las formas utilizadas para sujetas tanto la espada corta como la larga han sido descritas cuidadosamente en muchos manuales que tratan acerca de la armadura y de cómo ponérsela. Con el paso del tiempo la tendencia cambió y lo habitual es que se sujetaran las dos hojas a la banda del pecho con la punta hacia arriba (la katana en la parte izquierda y la wakizashi a través del estómago) con las cuerdas pasando por las anillas de las vainas.-


shirasaya

Cuando viajaba, un bushi utilizaba una funda especial (hikihada, también llamada shirazaya) para los pomos o para todas las vainas de sus daisho. Esto servía para los bushi en general, porque los guerreros de más alto rango acostumbraban a utilizar unas cajas especiales (katana-zutsu) fabricadas en madera lacada en dos piezas, incluyendo bisagras, cerradura y adornadas por lo general con el blasón de su propietario. La espada corta casi en ningún caso abandonaba el cinturón de su portador, aunque podía quitarse la espada larga cuando lo exigía la costumbre (estando en casa o mientras visitaba a otro miembro del clan). En esos momentos se “permitía” (las comillas deben interpretarse como una ironía, puesto que en realidad no se permitía, sino que se le exigía) que dejara su espada larga a buen recaudo en una dependencia adecuada de la casa o en manos responsables, pero esta norma no incluía la espada corta, considerada como “guardián del honor” de todo guerrero.-

El privilegio de ceñirse la espada sólo lo disfrutaba la clase militar, pero los civiles cuando realizaban viajes largos se tomaban la libertad de llevar una pequeña daga como protección contra los ladrones o para utilizarla en caso de necesidad si se veían obligados a pelear en el camino sin haberlo provocado. Esta clase de arma se denominaba dochu wakizashi (espada pequeña de viaje); también era común recurrir a un curioso mecanismo denominado yatate, portado usualmente por los viajeros y que por su forma se parecía mucho a la espada (tanto que se le daba el sobrenombre de yatate wakizashi). La parte equivalente a la funda estaba tan conseguida que se podía llevar el dinero que se necesitaba para los gastos de viaje en lugar de una espada, mientras que la empuñadura contenía el tintero y el pincel. De ese modo, se conseguía un efecto disuasor sobre posibles asaltantes y se lograba cierta seguridad sobre la propia persona.- 

No obstante, las provincias tenían regulaciones muy estrictas acerca de la tenencia de armas fuera de la clase militar, lo que reducía las posibilidades de los plebeyos en cuanto al manejo de espadas. Frente a esta situación surgió una reacción que nos es muy conocida: si las clases bajas no podían utilizar armas blancas de alto rango para defenderse, recurrirían a sus propios cuerpos como arma. Este fue el punto de partida de las artes marciales que conocemos en la actualidad y que en realidad se concibe como una contrapartida “desarmada” del arte del guerrero (bujutsu) con armas.-
 


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